Quiero vivir “bien”

Una idea socialmente adoptada que nosotros mismos hemos transformado en utopía para no dejarnos ver que maravillosamente la satisfacción de ser totalmente felices puede existir aquí y ahora.

Todos los días tenemos algo de que quejarnos: deudas, malas amistades, la pareja, la situación económica mundial, la apariencia física, la casa, y muuuchas otras razones más. Cualquiera que escojamos está lista, a la orden del día, esperándonos para hacernos sentir miserables por recalcarnos lo que no tenemos. Y cuando llegue ese momento, podemos decirnos de manera irónica “menos mal que somos dueños de nuestras propias vidas”.

Si leemos esta frase superficialmente, parecería otro monótono consejo más de superación personal, pero si la analizamos de cerca podremos reconocer que es ahí donde reside el empoderamiento de nuestra existencia. ¿Qué intento decir con esto? Que nosotros los seres humanos, siendo seres tan completos, tan sensibles, tan capaces de amar, de crear, de sanar, de llorar y reír, de procrear, de hablar y llegar a otros, de sentir! no podemos limitarnos a vivir esclavizados por una situación externa a la que por cierto, nosotros mismos nos hemos llevado intencionalmente o no.

Para poder llegar a ser felices con nosotros mismos y estar agradecidos con lo que tenemos, debemos tapar por un momento todo lo negativo que nos rodea; lo que no nos gusta, y empezar a darle más importancia en nuestra mente a lo bueno que hemos recibido: la familia, la buena salud, los proyectos que están naciendo, lo que sea por lo que valga la pena alegrarse. Con esto no quiero decir que nos dejemos caer sobre una nube de ilusiones efímeras y positivismo ciego, más bien, me refiero a poner nuestros problemas en manos de Dios para poder disfrutar de auténtica felicidad desde lo más profundo de nosotros. Pues es ahí de donde parte el resto. Entonces estaremos capacitados física y mentalmente para empezar a trabajar duro por nuestros sueños, sobre bases sólidas, disfrutando más del trayecto que de la meta. Es entonces donde podremos entender que la riqueza o la pobreza; la felicidad o la tristeza, no dependen de lo externo. Si no que parten de nosotros para reflejarse en lo que nos rodea.

Ahora que lo puedes ver de este punto de vista dime:

Y tu felicidad, ¿de qué depende?

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¿De dónde nacen los insensibles?

Muchas veces después de ver a una persona actuar frívolamente o de observar cuántas atrocidades suceden en el mundo día a día, nos preguntamos: ¿Por qué esta persona fue capaz de hacer esto? o ¿Por qué este señor hace cosas tan malas sin sentir cargo de conciencia?

Pues bien, la respuesta creo que debemos meditarla rebobinando el casete muchos años antes en la vida de estas personas. Ya que como siempre digo: nuestras actitudes son el reflejo de todas las experiencias que hemos tenido en la vida, son el espejo del impacto que hemos tenido sobre personas, lecciones, enseñanzas y consejos mayormente recibidos desde la infancia. Ya sean estos buenos o malos.

En fin, el ser maestra de niños pequeños me ha llevado a reflexionar tantas cosas sobre los adultos. Por ejemplo: el día de hoy durante la hora del parque un niño se cayó golpeándose fuertemente en sus piernas y comenzó a llorar desconsoladamente, al poco tiempo llegó una de sus maestras y le empezó a decir que haga silencio, que los niños no lloran, que sea valiente, que si seguía llorando lo iba a meter al salón y se iba a quedar sin recreo. Ya que el pequeño no podía reprimir el llanto, ella seguía insistiendo que no era correcto llorar y que era mejor que haga silencio en ese preciso instante. Fue entonces cuando me acerqué y le dije que lo deje llorar un rato, pues aquel niño estaba pasando por una situación más dolorosa que un golpe en la pierna y tal vez esta era sólo otra vía para desahogarse, pues su mamá había fallecido días antes.

Apartándonos nuevamente del objetivo “golpe en la pierna”, lo que esta maestra le estaba diciendo al niño era básicamente que el llorar es algo malo, algo vergonzoso, algo que debería evitar a toda costa. Pues ella claramente no estaba en ningún momento midiendo el peso que estas palabras estaban causando en el joven, el mensaje que estaba procesando esa pequeña cabeza tan vulnerable a absorber todo lo que se le dice.

Pues ahora se estarán preguntando cuál es el nexo entre esta historia y la frivolidad de los adultos. Sencillo: Si de pequeños a todos se nos ha dicho cosas como “no llores”, “los niños no lloran”, “mira, se te ve feo cuando lloras”, “si te pegas aguanta el dolor”, ” a los hombrecitos no les duele”, entre muchas otras; sabemos que los adultos con todo esto sólo queremos decir “Haz silencio”, pero ese no es el mensaje que ellos se llevan precisamente. Debido a la continuidad de la repetición de las mismas frases, ellos crean en su interior la capacidad de reprimir la expresión del dolor, por ende, posteriormente ven al sentimentalismo como una debilidad vergonzosa.

De esta manera, cuando somos pequeños lloramos, si nos llaman la atención por hacerlo, callamos. A la medida que vamos creciendo aprendemos a identificar qué cosas “está mal expresarlas ante las personas” y las reprimimos en nuestro interior. Vamos creando una capa fina de repelencia a los sentimientos humanos, nos empezamos a enfriar. Finalmente cuando llegamos a la edad adulta esta capa ya tiene unos cuantos milímetros de grosor que nos permite vivir rodeados de crueldad, guerras, asaltos, secuestros, etc, y poder seguir adelante sin sentir la necesidad de hacer algo al respecto.

Con todo esto he llegado  a la parte que quería y necesitaba: las experiencias de vida que tengan nuestros niños realmente cuenta; las enseñanzas de la infancia son tan fuertes como la base que sostiene los puentes por los que transitamos día a día, de eso depende el curso de vidas enteras. Si engendramos en nuestros pequeños (hijos, sobrinos, nietos, alumnos) sentimientos de compasión, alegría, respeto y conciencia sobre el resto y sobre uno mismo, estaremos  moldeando anticipadamente un adulto con los mismos valores; estaremos erradicando futuros grupos nihilistas que sobreponen el poder y el dinero al bienestar de las personas; estaremos erradicando la violencia; estaremos erradicando el hedonismo desmedido que conlleva a la avaricia; y finalmente, estaremos plantando las semillas de la tan anhelada paz mundial.

FEOS

El tema a reventar en las redes sociales (para ser más precisa en Facebook) actualmente es uno que no sólo me deja sin palabras sino que también me preocupa de manera alarmante. 

Todos los que estamos leyendo este texto hemos ya observado uno o más videos sobre mujeres venezolanas opinando sobre la imagen física del hombre ecuatoriano, describiendolos como “feos”. 

F-E-O-S

Feos… ¿¿¿Es en serio??? 

De entrada esta palabra es una generalización absurda que se puede aplicar a cualquier nacionalidad, no sólo a los ecuatorianos, y lo sabemos. Pero sin embargo esto ha causado una ola de comentarios en contra, de respuestas lacivas e inclusive, de imágenes que ayudan a engendrar odio contra las venezolanas en general gracias a los comentarios de unas pocas que llegaron a herir el ego de muchos mediante las redes sociales.

Pues a mi forma de ver. Estamos experimentando el momento preciso en que este tipo de medios de comunicación, son un peligro en lugar de ser algo positivo. ¿Por qué? Pues por el simple hecho de que estos videos han caído en manos de los que buscan oxigenar un tema ridículamente minúsculo y convertirlo en algo tan grande como para generar la opinión parcializada de los observadores cuyo pensamiento al escuchar estos comentarios ofensivos, se vuelcan automáticamente en contra del que los emite. Sin importar si quiera la verdadera relevancia del problema.

Lastimosamente todos los que reconocemos que el tema en sí es una particular tontería, somos los que estamos viendo la función desde el otro lado de la brecha; y por esta misma razón nos limitamos a ignorar el tema, a reírnos o a indignarnos por la rapidez en que algo tan tonto pudo llegar a carcomer en el coraje de muchos. He llegado a comparar esta situación con la típica escena del preescolar donde una niña le dice FEO a un niño y éste se pone a llorar. Dentro de la inocencia de unos niños esto es aceptable. Donde no es aceptable es dentro de un medio manejado por adultos que pueden llevar todo a resultados más grandes y violentos. 

Creo firmemente que los que sabemos que este tema nunca debió haberse convertido en un motivo de enemistad o calumnia entre dos países hermanos, sí debemos manifestar nuestra opinión también. Porque ésta llega a ser verdaderamente valiosa en el momento que haga contrapeso a la inmediata ira que ha crecido a causa del sensacionalismo público.

En conclusión, sólo deseo plasmar el punto más importante y por el cual se pueden llegar a causar o evitar muchos problemas de violencia u odio en las redes (de los que el mundo tiene tantos que  no necesita ni uno más), este punto es la generalización: nunca es sabio generalizar, pues si una persona tiene pecas no quiere decir que todos los seres humanos nacemos con pecas; si a una niña le gusta el color rosado no significa que todas deban vestirse de rosado; a su vez, si una venezolana dice que los ecuatorianos son feos por ninguna razón significa que todas piensen lo mismo. Y por favor…  ya no estamos en la edad de herirnos por ese tipo de opiniones.

Las frustraciones no existen

Las personas solemos dar énfasis siempre a las cosas que no podemos hacer, a los objetivos no cumplidos por alguna razón preferiblemente ignorada, o a los casos donde hemos dejado de hacer algo que nos apasiona para evitar la crítica de terceros. Todas estas experiencias de vida se juntan y se atan dentro de una bolsa denominada popularmente como “sueños frustrados”. 

Sabemos que la definición de frustración es la imposibilidad de satisfacer una necesidad o deseo; también se dice que es un sentimiento de tristeza, desilusión y decepción causada por esta misma imposibilidad. Pero entonces es cuando empiezo a hacerme las preguntas: ¿Es coherente que una persona saludable, inteligente y capaz, diga que tiene sueños frustrados? ¿Es justo? 

Considero que el hecho de ventilar los temas de nuestra vida que no hemos llegado a cumplir, en una conversación con amigos o familiares, y ubicar estas aflicciones en un pedestal para convertirlas en frustraciones es un acto de ligereza de pensamiento, sin mencionar la forma involuntaria en la que nos estamos subestimando al considerarlas y exponerlas como algo habitual. 

Antes de llegar a esa conclusión, partamos de la premisa que no podemos declarar algo imposible dentro del mismo presente en que estamos viviendo; pues ahí es a donde quería llegar. La vida de cada ser humano es una línea recta con caminos que nos llevan a diferentes partes según las decisiones que tomemos, es decir, que los planes que no hemos cumplido, los tramos que no hemos tomado en el pasado, los podemos volver a tomar o intentar AHORA. Por su puesto que muchas veces es más complicado hacer algo mientras más nos demoramos en ejecutarlo, pero eso no quita el hecho de que sigue siendo posible. 

Si hay algo que has declarado un sueño frustrado, una puerta cerrada, una meta no alcanzada y demás; es porque en realidad estás sintiendo un poco de miedo para intentarlo de nuevo, prefieres justificarte ocupando un papel de víctima dentro de tus propias experiencias, o simplemente no te interesa lo suficiente. 

Si quieres hacer algo realmente y este objetivo sabes que te hará feliz a ti y a los que te rodean, no cierres el caso, no des vuelta a la página, mientras sigas con vida y salud puedes volver a intentar una y otra vez hasta obtener el resultado que esperas. Recuerda que las oportunidades se acaban únicamente cuando se cierra el telón, cuando tus días lleguen a su fin. Por eso cuando escucho la frase “tengo un sueño frustrado”; me río. Pues ya sabemos que lo frustrado es lo que hemos dejado de hacer, y si lo hemos dejado de hacer, es porque nunca fue un sueño. 

Por supuesto no ignoro que existen casos muy difíciles de personas cuyas metas han sido casi imposibles de alcanzar debido a verdaderas dificultades físicas; y es por eso que agradezco la vida y el ejemplo de gente como Nick Vujicic, Rick Allen, Stephen Hawking, Lizzie Velásquez, Maysoon Zayid, y muchos más que me han inspirado a formular todas estas preguntas en mi cabeza, y a agradecer por lo que Dios ha puesto en mis manos para alcanzar mis metas. He comprendido que el simple hecho de tener un presente, me da la respuesta para plantear un futuro desde el punto de partida que yo misma defina. 

Entonces, ya que en este momento te encuentras amasando placenteramente el valioso presente que tienes para elegir de nuevo, dime: ¿a qué cosas llamarás “frustración”?